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El estilo Di Sarli,
que se ha
mantenido casi inalterable desde sus comienzos allá por 1926, tiene
vinculaciones esenciales con la primitiva modalidad orquestal de
Osvaldo Fresedo. Sin mayores preocupaciones armónicas,
las versiones de la orquesta de Di Sarli estaban ajustadas a un esquema establecido, cuyo interés sonoro se logra
a través de matices muy precisos y a la vez muy sutiles, alternando en acertados contrastes los
"stacattos" con los ligados y los "crescendos"
con los pianísimos.
El empleo de la cuerda al unísono,
prescindiendo de los bandoneones como voz
cantante, y la labor del propio Di Sarli con su inimitable
conducción pianística, así como los contracantos del primer
violín Roberto Guisado, conceden su colorido característico al
conjunto.
Pero dentro de esa
estructura instrumental, no cabe duda de que el aporte interpretativo
más importante radica en el estilo pianístico de Carlos Di
Sarli, quien con su fabulosa
mano izquierda marcaba un ritmo de tango de contextura sencilla y
emotividad profunda.
La orquesta de Carlos Di
Sarli cultivó un modelo de tango clásico, realzado por concepciones musicales de
interesante contenido. Esta agrupación contó siempre con la adhesión
apasionada de legiones de admiradores, que no admiten todavía otra
modalidad instrumental que no sea aquella protagonizada por el
desaparecido maestro.
Entre sus filas de cantores
contó con las participaciones de Roberto Rufino, Santiago Devin,
Ernesto Famá, Fernando Díaz, Antonio Rodríguez Lesende, Roberto
Arrieta, Agustín Volpe, Carlos Acuña, Alberto Podestá, Osvaldo
Cabrera, Jorge Durán, Raúl Posadas, Osvaldo Cordó, Oscar Serpa,
Mario Pomar, Rodolfo Galé, Roberto Florio y Horacio Casares. |