|
La imagen temperamental de
Alfredo Gobbi se refleja con caracteres inequívocos en el estilo de
su orquesta. Hay en sus concepciones musicales, evidentemente
evolucionadas, remiscencias de viejo tiempo.
Alfredo Gobbi expresa una forma de tango que le es propia, concurriendo la original
inventiva del arreglador, la expresividad de su violín
romántico (de vibrato pequeño, lánguido portamento y profunda
sugestión) y el colorido inimitable de su orquesta. Sin alardes
académicos, pero dentro de un tratamiento armónico de indudable
calidad musical, Alfredo Gobbi empleó para su orquesta una marcación
rítmica muy singular, preferentemente lenta y acentuada.
Los
pasajes instrumentales, siempre ubicados con exactitud, permiten el
amplio lucimiento de los solistas y la forma de orientar la
conducción del piano, guarda profunda afinidad con la de aquel
creador que fue Orlando Goñi, su camarada y amigo de las horas de bohemia compartida.
La trascendente contribución
de Alfredo Gobbi a la estilística del tango, encierra ese
"algo" tan suyo y tan difícil de definir. Ese
"algo" de De Caro, ese "algo", de Di Sarli (que
tampoco es la refundición de dos tendencias tan dispares).
Es
decir, ese "algo" del tango de Alfredo Gobbi, no puede
traducirse más que en la sonora belleza de su orquesta.
La importancia conferida a los
ejecutantes solistas, le permitió a Gobbi contar, entre tantos
otros, con intrumentistas como César Zagnoli, Mario Demarco,
Ernesto Romero, Bernardo Germino, Antonio Blanco, Edelmiro
D´Amario, Cayetano Cámara, Alberto Garralda, Osvaldo Tarantino,
Lalo Benítez, Juan José Fantín, Eduardo Rovira, Omar Sasone,
Roberto Cicaré, Alcides Rossi, Osvaldo Monteleone, Eduardo Salgado,
Luis Maggiolo, Tito Rodríguez y Osvaldo Piro. |