Nació el 7 de Diciembre de 1914 en la Capital de Buenos Aires. En su juventud alternó sus estudios de medicina con su pasión por el canto. Debutó en 1939 en la orquesta "Los Indios" de Ricardo Tanturi. Comenzó con el nombre de Alberto Dual y luego se lo cambió por el actual. Castillo se diferenciaba del estereotipo de un cantante de tango por que gesticulaba exageradamente, también tenía una buena afinación. En 1944 se separó de Tanturi para formar un conjunto propio. Con el éxito se integró a la cinematografía en películas como "Adiós pampa mía" (1946), "El tango vuelve a París" (1948), "Un tropezón cualquiera da en la vida" (1949), entre otras. Definió su vestuario con un estilo diferente. Se lo llamó popularmente "el cantor de los cien barrios porteños", y fue un símbolo porque quiso ser el ídolo y representante de una clase marginada. Pasó los ochenta, pero mantiene el rito de siempre: sube al escenario, camina unos pasitos, estira los puños de la camisa, se da una palmada sobre el corazón, retrocede un paso, adelanta la pierna izquierda, avanza el cuerpo con el cuello de la camisa abierto, la corbata con un nudo grueso y flojo, una mano en el bolsillo, la otra haciendo bocina junto a la boca para arrancar con su verdad: " Yo soy parte de mi pueblo/ y a él le debo lo que soy/ hablo con su mismo verso/ canto con su misma voz' . Y enseguida entona: " Cien barrios porteños/ cien barrios de amor/ cien barrios metidos/ en mi corazón..". Nunca estudió canto: Alberto Castillo, el canto más arrabalero que tuvo el tango, es Doctor en Medicina. Un título que jamás lo apartó de su pasión: "Siempre canté todas las cosas como me salían del alma.Yo mamé el tango en la calle, en las esquinas, en los cafés y en las sala de guardia del Hospital Alvear." Antes los cantores de las orquestas se paraban ante el micrófono, cantaban el estribillo y se escondían detrás del piano.Fué el primero que empezó a caminar por todo el escenario, a cantar con todo el cuerpo. A  Alberto Castillo siempre le gustó darle intención a los versos, marcar las pausas, subrayar el gesto  con la fuerza de un ademán. Fue de los primeros en vestir los fraseos con la voz, le nació espontáneamente y le gusta que se lo reconozcan. Cuando lo hacen, suelta la mejor de sus sonrisas y responde: "¡Sabés qué pasa! Yo soy un bandoneón que canta." 
Castillo en el film "Musica, alegría y amor"


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